Sosiego, aprendizaje, mirada a largo plazo y atender a “lo importante. Interés General vs. Egoísmo y codicia, Herramientas digitales, compromiso y Sociedad Civil para posibilitar, controlar e inspirar un cambio de rumbo.
Cuando estrenamos el año en el que cumplo 52 años, me doy cuenta de la importancia del largo plazo para poder alcanzar una perspectiva que nos permita afrontar el futuro con esperanza.
Pienso que el largo plazo es un aspecto fundamental, una manera de mirar qué debe inspirar, soportar y proyectar cualquier planteamiento estratégico que merezca la pena. Sí, pienso que, en la actualidad, vivimos con prisa, sin tiempo para meditar, atolondrados por un enemigo imaginario al que llamamos estrés.
Pienso que un mal similar acecha en el ámbito político, dónde todos y todas piensan en el corto plazo, en la reelección. Una aproximación que de alguna manera les inválida desde el primer momento puesto que, sinceramente, creo que hoy nos enfrentamos a retos de largo plazo cómo son el cambio climático y la desigualdad.
En ocasiones los argumentos que defienden planteamientos estratégicos de corto plazo o incluso de medio plazo, obedecen a necesidades inmediatas qué habitualmente forman parte de lo que yo llamo » lo urgente» que normalmente no coincide con » lo importante». Planteamientos que prefieren centrarse en el presente y olvidar el pasado despreciando con ello el aprendizaje conquistado. Pienso que, a día de hoy, la humanidad se enfrenta al reto fundamental de la supervivencia.
Pienso que los males que han asolado a la humanidad desde el principio como la codicia y el egoísmo tan generalmente extendido en la sociedad actual y entre nuestros políticos y políticas, deben de ser superados.
Enarbolar el interés general cómo norte de cualquier posición o actuación pública resulta a día de hoy, desde mi punto de vista, una emergencia. Instrumentar mecanismos que permitan dotar al sistema de una visión de largo plazo resulta ya urgente.
Dotar al sistema de mecanismos que permitan controlar la transparencia, el compromiso con el interés general y el correcto actuar de las instituciones públicas es una responsabilidad de todas las personas.
Desde hace muchos años pienso que tenemos la clase política que merecemos. Pienso que demandamos de la clase política un comportamiento que rechazamos para nosotros mismos, una posición egoísta, incoherente y frágil que deslegitima cualquier demanda por justa que está sea.
En lo que a mí se refiere, en el ámbito más íntimo y personal puedo compartir que tras más de 15 años tratando de adaptar mi vida a las condiciones de mi salud, he pasado épocas peores y mejores. A lo largo de ese devenir he tenido la oportunidad de aprender de mi situación. Aprender a esperar, a no actuar y evitar precipitarme ha constituido la piedra angular de mi aprendizaje.
Durante todos estos años, he descubierto qué existe la magia, aunque esta no se presente del modo en que hubiéramos imaginado. Me doy cuenta de que saber esperar, evitar dejarse llevar por los impulsos más groseros de nuestra mente, puede dar lugar a soluciones, desenlaces, progresiones, que por mí mismo nunca hubiera imaginado. Con el tiempo voy descubriendo que resultan verdadera magia.
La vida te ofrece alternativas que, si bien no se presenta como lo que nuestra mente nos hubiera propuesto, con el tiempo, desde una mayor perspectiva, me doy cuenta de qué son verdaderos regalos de la vida. Sosiego, introspección, darse cuenta de lo pernicioso que puede resultar la propia mente. Pienso que es la verdadera magia de la vida. Revelaciones que se producen a pesar de uno mismo o de una misma envueltos en un manto de secretismo qué constituye verdadera magia.
En lo que a mí se refiere, me doy cuenta de cómo la vida me ofrece posibilidades que, si bien en un principio permanecen ocultas, el paso del tiempo, la perspectiva que necesariamente le acompaña y el aprendizaje que conlleva, me ofrecen tesoros ocultos que ya hoy llenan mi vida y me procura una, no sé si satisfacción, quizás gozo o bienaventuranza, que considero imprescindible para una vida digna.
