Tenemos los políticos que nos merecemos. Libertad personal, compromiso y transparencia para condicionar un digno desempeño social, político e institucional. Digitalización consciente y compromiso personal para evitar el desperdicio.
Hace ya bastante tiempo, que tengo la sensación de que realmente tenemos los políticos que nos merecemos. Pienso que los representantes públicos, de manera consciente o inconsciente, funcionan dando continuidad a la senda que les marca la propia sociedad.
Dicho de otro modo, estoy convencido de que en la medida en que la sociedad abrazase un comportamiento ético, diligente y comprometido, las clases dirigentes se verían abocadas a adoptar un comportamiento similar, por mera supervivencia.
Así, estoy convencido de que la única manera de influir en el comportamiento de nuestros políticos e instituciones, es actuando sobre uno mismo, que cada persona se centre en actuar sobre sí misma comportándose como nos gustaría que se comportarán con nosotros. Pienso que esta sería la única manera de restringir el espacio para las malas actuaciones y arrinconar de este modo la codicia y el egoísmo que inunda nuestra sociedad.
Del mismo modo, creo que la tecnología digital actual puede resultar enormemente útil para un desarrollo real, creativo y constructivo de las democracias modernas.
Pienso en la creación de una plataforma digital que actúe como espejo de la sociedad, distinguiendo los niveles de participación y compromiso con el interés general de cada miembro de la ciudadanía.
En artículos anteriores, vengo expresando mi modo de ver en diferentes ámbitos siempre desde una perspectiva social. Lo vengo haciendo apoyándome en lecturas de unos y otros autores y tratando de hacer sencilla una nueva aproximación.
Hay un autor francés, Thomas Piketty, que ha escrito unos libros abordando el tema de la desigualdad desde una perspectiva amplia, de muy largo plazo y que utiliza para ello, criterios del todo científicos desde el punto de vista socio económico y que creo que pueden darnos la base para concebir, diseñar e instrumentar algún tipo de mecanismo digital que nos conceda la posibilidad de hacer un ejercicio de transparencia y compromiso fiscal que alienten las posibilidades de esperanza en un momento en el que el mundo lo requiere con urgencia. (Ver Art. 21. Libertad, democracia, responsabilidad, fraternidad y compromiso con la igualdad).
El alcance de la obra de Tomas Pikkety es amplísimo, sin embargo, en el artículo quiero llamar la atención sobre la parte más próxima a cada persona, llamar la atención acerca de las posibilidades que pudiera ofrecer un ejercicio voluntario y anónimo aplicado al universo social y económico de España.
Pienso en las posibilidades que pudiera ofrecer una plataforma digital en la que cada quien libre y voluntariamente pueda realizar una declaración de sus ingresos, patrimonio y contribución fiscal. Hacerlo de forma ciega, preservando el anonimato de cada declarante y quizás ofreciendo la posibilidad de profundizar en la interacción de la sociedad civil con las instituciones del Estado.
Quizás se pudiera concebir algo divertido. Quizás una suerte de juego en el que poder identificarnos con los distintos percentiles que se utilizan en el trabajo de Thomas Piketty o bien algo similar, qué permita a cada usuario identificar su posición en los diferentes niveles y percentiles en los que se mide la desigualdad.
Quizás un enfoque creativo, desde un espíritu cómico, pero centrado en destacar los aspectos más insensatos que dificultan una comunicación amplia y generosa en beneficio de todas las personas.
Quizás, encontrar la manera de parodiar con el fin de discernir. Quizás tan solo un intento de tomar distancia respecto al a la parte más obtusa de nuestra mente, de nuestros pensamientos, en el intento de dejar ser a la Grandeza que hay en todas las personas que nos permita tomar una distancia desde la que respirar, construir y encontrar un camino que permita albergar la esperanza de un futuro mejor para todas las personas y el planeta.
A continuación, transcribo un artículo, un pequeño ensayo que escribí en mi época de estudiante y que desde hace tiempo está colgado junto a otros escritos de este tipo en mi página web www.javierortizamuriza.com/agora
REFLEXIÓN ACERCA DE LA UTILIDAD MARGINAL DECRECIENTE APLICADA A LA ECONOMIA EN RELACIÓN A LA PIRÁMIDE DE NECESIDADES y UNA NUEVA VISIÓN DE LA FISCALIDAD
Por Javier Ortiz Amuriza
Introducción
Este escrito pretende únicamente realizar una reflexión acerca del Principio de Utilidad Marginal Decreciente aplicado a la economía en relación a la pirámide de las necesidades de Maslow de forma muy básica y las posibilidades que ofrece a la hora de concebir un modelo fiscal diferente.
El Principio de Utilidad Marginal Decreciente aplicado al dinero Podríamos decir que el dinero aporta una utilidad explicita diferente a unas y otras personas en función del nivel de satisfacción de las necesidades de cada una.
Si nos fijamos en la pirámide de las necesidades de Maslow podemos apreciar que el dinero aporta en una primera instancia una utilidad sustancial en tanto nos permite atender nuestras necesidades más básicas (alimentarnos, vestido, casa, etc.).
Una vez cubierto lo anterior, la utilidad explícita que nos aporta el dinero ya entra en el terreno de lo psicológico que teniendo su importancia parece razonable concluir que no tanta como lo anterior y así sucesivamente.
Un nuevo modelo de fiscalidad
En base a lo anterior cabría la posibilidad de diseñar un sistema fiscal que se base no sólo en los ingresos y en el patrimonio acumulado sino en la utilidad marginal que aporte a cada individuo, a la sociedad. Un sistema que faculte al Estado para intervenir en pro de un mayor rendimiento de los recursos para las personas y que contemple casos en que, cubiertos los primeros cuatro niveles de la pirámide, permita alcanzar el último y haga imposible que haya recursos estancados, improductivos, muertos.
Un modelo que fomente la redistribución de recursos alentando el gasto a los que tienen como un ejercicio de redistribución de renta y garantizando el acceso a productos y servicios a todas las personas en pro de una sociedad justa y responsable, un entono amigable y seguro para todos.
Algunas ideas al respecto:
- Un sistema fiscal que no grave los ingresos obtenidos siempre y cuando éstos se gasten y no penalice a las rentas más altas por el hecho de serlo. Entendemos aquí que la diferencia de rentas puede estar justificada por las diferencias existentes en la dedicación, la cualificación personal y la responsabilidad del cargo de que se trate. Asumimos también que gastar es la principal vía de redistribuir la renta y que incluye la bonanza de otros y que lo esencial es garantizar la capacidad de todos de hacer frente a las necesidades más básicas:
- Un sistema fiscal que modere la acumulación y la racionalice mediante fuertes impuestos para los casos en los que la acumulación devenga ineficiente por lo cuantioso de lo acumulado.
- Un sistema fiscal que permita a todos acceder a la cúspide de la pirámide de necesidades, sobre la base de evitar una acumulación ineficiente evitando los patrimonios ociosos que nunca llegan a ser utilizados y por tanto son desperdiciados. Un sistema que reconozca las diferencias y las regule, que permita unos niveles de acumulación eficientes y evite los patrimonios ociosos improductivos. Que evite el desperdicio.
