Por Javier Ortiz Amuriza
Mayo de 2023.
Calambres, latigazos, cansancio crónico, dificultades de equilibrio, dolor permanente y vejez prematura. Sentido del humor. Reírse de uno mismo, saberse afortunado y meditación.
En este artículo quisiera compartir algunos aspectos acerca de las sensaciones físicas que experimento en mi proceso personal, así como algunas experiencias en meditación.
Como ya he mencionado en diferentes artículos, la dolencia que padezco, en mi caso se traduce fundamentalmente en dificultades de equilibrio, cansancio crónico, dificultades para hacer mis necesidades físicas más básicas y merma de la memoria a corto plazo. En realidad, físicamente funciono como un anciano. El ruido ambiental produce en mí un gran cansancio y atonlondramiento momentáneo.
Soy un calambre andante. Padezco calambres constantes por todo el cuerpo y ocasionalmente unos latigazos que me hacen sentir profundamente vulnerable pues siento que me puedo quedar en el sitio. El dolor articular y el mal cuerpo están en mí de forma permanente. Los mismos se pueden agudizar con el cansancio y con el estrés pero está están siempre. Acostumbro a explicarlo diciendo que es como la sensación de malestar general que se experimenta en estados gripales, aunque normalmente con ausencia de fiebre y dolor de cabeza.
También el exceso de luz y concretamente el impacto del Sol, aunque me sienta bien en sesiones moderadas, enseguida me agota. Me torro con facilidad.
Mi pulso es tembloroso, soy muy sensible a los cambios de temperatura. Creo que son las variaciones en la presión atmosférica lo que me afecta tanto. Todos los cambios me afectan, aunque llevo mejor los cambios de frío a calor que los de calor al frío. El calor y la humedad producen en mí una sensación de fuerte agotamiento. En todos estos casos los dolores que padezco se agudizan.
Cualquier cosa me produce estrés. Necesito mucho tiempo para prepararlo y pensarlo todo, pues las sorpresas desagradables que mi cuerpo en ocasiones me reserva, son innumerables. Si no me hago mis necesidades encima, el hecho de sentir mi ausencia de control sobre mis esfínteres, produce en mí un gran estrés. En realidad, soy un tesorito. Un derroche de «habilidades»…
Practico meditación desde hace muchos años. Lo hago con la disciplina y formalidad de la que soy capaz en cada momento, pero lo cierto es que la meditación, el Japa (La palabra sanscrita japa es la repetición de un mantra o de los nombres de Dios). y también la oración siempre me acompañan.
También procuro instruirme y aprender de las personas de sabiduría acudiendo siempre que puedo a los seminarios de la Escuela Phi de Yoga de Venta y Meditación.
http://fundacionphi.org/actividades/proyecto/escuela-phi-de-yoga-vedanta-y-meditacion
La falta de control sobre mi propio cuerpo me hace sentir profundamente calamitoso. Máxime cuando en el pasado fue un hombre deportista activo y con ciertas habilidades. Era muy ágil, flexible, rápido y con grandes reflejos.
Esta la sensación de calamidad que a menudo siento, que he adoptado por costumbre ofrecer adiós hasta el último de mis esfuerzos e incluso las concesiones que me hago.
Procuro tomármelo con humor y reírme de mí mismo y de mis desatinos. Habitualmente lo consigo, creo que de hecho soy un hombre con un buen sentido del humor, pero lo cierto es que no en pocas ocasiones el hartado y la frustración me producen una rabia que procuro vehicular con distintas exclamaciones, tacos y palabros de todo tipo. Procuro que estos episodios se produzcan en soledad en el intento de no lastimar ni incomodar a nadie, siempre lo consigo.
Ver Art. 68. Tiene guasa, resulta que al fin y al cabo es gracioso.
Retomando el hilo de la narración, quisiera aquí destacar que en distintos seminarios a los que he acudido en los programas de formación de la escuela mencionada, Swamiji, nos ha hablado de cómo a lo largo de su experiencia experimentaba temblores en las piernas, una especie de estertores.
Yo los padezco desde hace tiempo, aunque en mi caso creo que puede ser debido a la dolencia que padezco y no a un proceso íntimo de transformación. Quién sabe…
También desde hace ya bastante tiempo me lagrimean los ojos. De hecho, mi hermana Leire en ocasiones me pregunta asustada: ¿estás llorando? y yo le contesto, no cariño me lloran los ojos que no es lo mismo.
Durante mis habituales estancias en Campus Phi (www.hotelcampusphi.com) acostumbro, en lo posible a acudir a practicar meditación en capilla. Un lugar ideal para ello cargado de energía, un lugar que me arrastra de nuevo a la práctica de la meditación formal. Un lugar especial.
Durante los últimos años, en distintas ocasiones y durante la práctica de la meditación en dicho lugar me han asaltado imágenes, la imagen de Madhuri. Algo que me sorprendió mucho.
Coincidiendo con este tipo de episodios, en algunos de sus Darsam, Swamiji hablo de la meditación infusa, una suerte de meditación guiada o inducida por grandes almas.
Ver: Art. 43. El legado de Oriente. Grandes Almas del Siglo XX.
No lo sé, lo cierto es que en el proceso de mi crecimiento personal se producen todo tipo de episodios y la enajenación mental está muy presente.
