/Javier Ortiz Amuriza

74. Belleza.

Ágora

 

Belleza.

 

Por Javier Ortiz Amuriza
Octubre de 2022.

 

La feminidad de la belleza en las ideas y los comportamientos. Observaciones de un hombre inquieto desde los condicionamientos de la incapacidad física. El despertar de la naturaleza, el milagro de la comunicación y la belleza de la acción. Por la gran mayoría silente de las personas.

Para mí la belleza es eminentemente femenina. La palabra, la naturaleza, la amistad, la, fraternidad y las personas son cosas que considero claramente descriptivas de la belleza. También la valentía, la magia, la música y la intrepidez, todas ellas son para mí pura belleza. Qué decir de la Divinidad, la prosa, la creatividad y la Providencia.

Personalmente me fascinan las mujeres. Su fuerza, su capacidad de entrega, su generosidad, su belleza y su sensualidad. Hay quien dice que soy un hombre dulce, un hombre con un lado femenino pronunciado. Ojalá!

Sin embargo, los avatares de la vida y el estado de mi salud me llevan confinado a una abstinencia sexual, aceptada de buena gana, pero no deseada, desde hace 17 años. En todo este tiempo el deseo nunca ha desaparecido y lo vengo gestionando como puedo, pero en los últimos dos o tres años años está siendo cuando la lívido se ha despertado con más virulencia. Hasta entonces, pienso que el haber estado medicado con fuertes medicinas prescritas para la dolencia que parezco, es lo que mantuvo a mi cuerpo más tranquilo. Sin embargo, llevo ya más de tres años sin medicación alguna pues sigo estable en las pruebas que el neurólogo me prescribe sistemáticamente. La libido propiamente dicha, mejor dicho, la respuesta fisiológica de mi cuerpo, se ha pronunciado alarmantemente. Han sido 17 años en los que únicamente he tenido un par de encuentros carnales con quien fue mi novia en la universidad. Encuentros en los que mi cuerpo no me permitió consumar. Traté de ser un amante considerado y parece que lo logré, pero “mi gozo en un pozo”. No es cierto, fueron dos o tres encuentros durante los que gocé como un niño a pesar de mis limitaciones y creo que pude satisfacer a mi amante a juzgar por sus palabras posteriores: “has abierto la caja de pandora”. Qué sé yo.

Desde que escribo artículos y los publico online, vengo tratando de compartir mi manera de ver y sentir las cosas. Lo hago escribiendo acerca de unos y otros asuntos pues tengo una opinión para todo. Soy un hombre sencillo, de un nivel cultural medio y con gran inquietud, pero opino de todo. Opino acerca de la sociedad actual y de lo que considero que son los principales retos a los que se enfrenta así como de las grandes oportunidades que intuyo vislumbrar para la sociedad.

Lo hago tratando de comprender como esos mismos retos, como los obstáculos que los acompañan y las dificultades que acarrean, operan en mí. Soy un hombre relativamente joven, tengo 52 años, pero lo cierto es que llevo una vida más propia de un anciano, desde hace ya 17 años. Sí, desde los 35 años de edad en qué la enfermedad comenzó a manifestarse en mí, vengo llevando una vida tranquila, no diría ociosa pues he tratado de mantenerme activo durante todo este tiempo, pero qué duda cabe que vivo mucho más tranquilamente que la mayoría de las personas. Gracias a Dios no he tenido dificultades económicas salvo puntualmente, si no que los retos a los que yo me vengo enfrentando tiene más que ver con la incertidumbre que supone vivir en un cuerpo que no sólo no me responde, sino que me traiciona sistemáticamente.

Todo lo tengo que organizar con mucha antelación tratando de evitar ser víctima de mis necesidades fisiológicas, sobre todo en mis desplazamientos. Necesito mucho tiempo para hacer las cosas y en la mayoría de las ocasiones preciso de ayuda. Todo ello me ha venido haciendo vivir en una especie de estrés permanente el cual, además, por las características de la enfermedad, me produce un profundo cansancio, un agotamiento físico permanente que procuro gestionar intentando establecerme en un “velocidad de crucero”, poco a poco, no sin dificultad.

Sin embargo, he de reconocer y agradecer la magnífica disposición de la mayoría de las personas, lo cual alimenta mi sentimiento de gratitud y procuro mostrarme agradecido y agradecer expresamente a unas y otras. Algo que no es siempre así pero sí en la mayoría de los casos y mayoritariamente por parte de las mujeres. Gracias de corazón. (Ver: Art. 73. Respeto.)

En lo que se refiere a la sociedad actual, tengo la sensación de que esos sentimientos de incertidumbre, vulnerabilidad y miedo que me acompañan desde hace tiempo por las condiciones de mi salud, son sentimientos que, creo percibir, están generalizados actualmente en nuestra sociedad. Guerras por doquier y ahora más cerca que nunca para la sociedad occidental, salud pública en entredicho, acontecimientos climáticos devastadores y cuando menos desestabilizantes. También un entorno económico convulso que nos lleva a reencontrarnos con fantasmas que creíamos que ya formaban parte del pasado. Inflación galopante, salarios restringidos y la dificultad de acceder a empleo para muchas personas dada la imprevisibilidad de estos tiempos.

En este contexto se producen, como viene siendo habitual, comportamientos antagónicos entre los que la mentira y el engaño asumen el protagonismo, al menos aparentemente. Digo aparentemente, pues sigo pensando que la gran mayoría de las personas, aunque sean la parte menos visible, albergan belleza y coherencia en su manera de sentir y vivir.

Me doy cuenta, como he mencionado en anteriores artículos, que la naturaleza y el planeta reaccionan para su supervivencia y lo hacen de la manera más implacable y agresiva. También la sociedad, permitiendo que sean los comportamientos más zafios, egoístas e interesados los que tomen el control aparente. Aun así, continuo albergando sentimientos de esperanza en que lo mejor de la sociedad, la gran mayoría abnegada y silenciosa encuentre la manera de que sea, la belleza que hay en sus corazones, la que tome el control.

Creo en las palabras constructivas, creo en el milagro de la comunicación y rezo para que la belleza se abra paso ante un futuro incierto.

Ágora

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