Ágora
Respeto.
Por Javier Ortiz Amuriza
Septiembre de 2022.
Ninguneo inmerecido. Generosidad no reconocida. Memorias selectivas y el esfuerzo por afrontar las limitaciones propias. Disponibilidad y perseverar en el intento de intentar.
Desde hace 17 años, cuando la Esclerosis Múltiple se hizo presente en mí, constituye un reto constante para mí intentar aceptar el dolor físico permanente que me acompaña y perseverar en intentar zafarme del sufrimiento. Intentar una y otra vez hacer caso omiso a mi mente y perseverar. Un dolor permanente que trato de explicar del siguiente modo: si estando con gripe, fiebre alta y dolor de cabeza, le quitas el dolor de cabeza y la fiebre, ese dolor articular, ese malestar general, junto con calambres constantes por todo el cuerpo y unos latigazos que ocasionalmente me hacen sentir una profunda vulnerabilidad, ese es mi estado normal desde entonces. Los latigazos se producen de vez en cuando y cuando ocurre, siento que me puedo quedar ahí, incapaz de reaccionar sintiendo un terrible dolor.
La aparición de la Esclerosis Múltiple en mi vida, coincidió tras un periodo de vida profesional intensa y prematura. Primero, en el mundo de la empresa privada, ocupándome de la co-planificación, instrumentación y gestión del traspaso generacional del grupo de empresas que había creado mi padre. Fue durante los años 1999 a 2005. Un periodo de intenso trabajo y viajes durante el que trabajo 50 horas a la semana y viajo 100 días al año.
Una evolución profesional prematura y desproporcionada que se produce no por mi valía personal destacada en el mercado, sino por ser el hijo de mi padre. Soy consciente de ello, pero al menos, me esforcé en aprender y trabajar dando lo mejor de mí. Debido a las circunstancias que se daban en mi familia con dificultades de salud entre algunos de mis hermanos y un padre machista que escogió no contar con mis hermanas por el hecho de ser mujeres, provocaron que, siendo el menor de los siete hermanos, tuviera que asumir la responsabilidad del patrimonio familiar a los 29 años de edad y con muy poca experiencia profesional.
Fue tras este período, no digo que a causa de sino coincidiendo con, en el 2006, año al que jocosamente denomino Anus Horribilis, fue cuando me vi abrumado por una mudanza, un cambio de trabajo y de ciudad, un divorcio no deseado y, además, el primer brote de Esclerosis Múltiple.
Más adelante, tras un periodo de año y medio durante el que trabajo a media jornada como auxiliar administrativo de un estudio de arquitectura, me repongo parcialmente y me hago cargo de la custodia compartida de mi hija de 4 años, comienzo a trabajar en la constitución de Fundación Phi (www.fundacionphi.org ). Una vez constituida y durante sus 7 primeros años de vida, fui secretario del Patronato y coordinador general del conjunto de voluntarios que formábamos el capital humano de la misma. Defino los reglamentos de funcionamiento interno y concibo, así como pongo en marcha los distintos órganos ejecutivos que actuan en nombre de la fundación en su desempeño institucional y de orientación y control le las sociedades mercantiles participadas por la misma. Todo ello para su examen y aprobación por el Patronato. Con ello, creamos la organización jurídica y mercantil para abordar lo que denominábamos “Proyecto las 7 fuentes” y que hoy ha dado lugar al Campus Phi.
http://fundacionphi.org/actividades/proyecto/proyecto-las-siete-fuentes
Un periodo en el que aprendo a trabajar desde casa y on line en un 80% y descubro con ello lo que hoy llaman “teletrabajo”. Sin embargo, a pesar de esforzarme en adecuar mi desempeño profesional a las circunstancias de mi salud, finalmente, en 2015 me veo obligado a coger mi primera baja que se extiende hasta 2017 dejando entonces la Secretaría del Patronato. En 2017 comienzo un proceso de reinvención profesional tratando de apoyarme en las nuevas tecnologías (www.javierortizamuriza.com ). En paralelo, me ocupo de mi traslado clínico de Valencia a Bilbao, así como del traslado de mis cosas de Valencia a Campus Phi (Cáceres) y a Bilbao. Tras este nuevo intento, cojo de nuevo la baja en agosto del 2020 hasta que a día de hoy me tengo reconocida una Incapacidad Permanente con una discapacidad física del 39% por Esclerosis Múltiple con una Movilidad Reducida de 7 puntos.
En todo este proceso me esfuerzo en mantenerme informado de la evolución de los proyectos de la fundación y de la empresa de mi familia, así como de facilitar la labor de las personas que vienen a asumir las responsabilidades que anteriormente había desempeñado yo. A pesar de que mis capacidades físicas están considerablemente mermadas, gracias a Dios, mis capacidades mentales funcionan perfectamente. De hecho, es lo único que me funciona bien.
Personalmente, siempre he sido un hombre activo y comprometido en los diferentes proyectos en los que he participado, pero me siento absolutamente ninguneado. Soy consciente de que el estado de mi salud me condiciona. Sin embargo, tras 17 años de padecer una enfermedad incapacitante cómo es la esclerosis múltiple sigo siendo un hombre inquieto y creativo. Durante mi carrera profesional he desarrollado una labor importante en el ámbito empresarial y fundacional tal y como se puede ver en mi trayectoria profesional www.javierortizamuriza.com . Hoy en día, en que mi condición me ha llevado a la incapacidad permanente, trato de luchar para evitar una actitud derrotista implicándome en proyectos a los que he dedicado la mayor parte de mi vida profesional. Sin embargo, me encuentro con que las personas que hoy en día asumen roles en uno y otro ámbito, escogen hacer caso omiso de mi disposición dificultando mla gestión de una enfermedad incapacitante. Sí, soy un hombre físicamente muy mermado, un hombre que lleva muchos años luchando por evitar caer en un derrotismo paralizante. De hecho, durante los primeros 10 años de la enfermedad, he continuado trabajando y siendo un miembro muy activo de los diferentes proyectos en los que he participado. Me considero un hombre muy capaz y quisiera continuar participando en los proyectos a los que siempre me he dedicado. La mente es lo único que funcionaba bien en mi organismo y estoy plenamente convencido de que podría resultar muy útil a nivel profesional sí quienes hoy toman las decisiones estuvieran dispuestos a contar conmigo. Personas cuyo desempeño actual no sería posible si no fuera gracias a la labor que yo he realizado en el pasado.
Sin embargo, me doy cuenta de que el egoísmo y la importancia personal de unos y otros hace escoger olvidar el pasado y no considerar la labor realizada, no sólo por mí sino también por muchas otras personas. Tanto es así que durante los últimos años vengo trabajando en escribir artículos con los que compartir mi visión, experiencia y aprendizaje con el ánimo de que todo ello pudiera resultar de utilidad a otras personas.
Sin embargo, me llama la atención las dificultades que vengo encontrando en este intento de facilitar la tarea a los nuevos responsables. No digo que no tenga nada que ver conmigo pues de hecho me está ocurriendo tanto en el ámbito de la fundación como en el ámbito de las empresas, pero estoy seguro de que no tiene que ver exclusivamente conmigo y no soy el principal responsable que así sea. Lo cierto es que, tras 15 años de afanarme en conocerme, en conocer mis condicionamientos mediante cursos de autoconocimiento personal primero y de terapia después, no tengo ninguna duda de que el ninguneó que padezco en unos y otros ámbitos no tiene su principal causa en mí. Sin embargo, intento discernir sin juzgar, comprender y aceptar y perseverar en el intento de intentar.
Ver Art. 17. Lo justo vs. Lo injusto. El intento de intentar.
También he escrito diferentes artículos en los que denuncio las actitudes que identifico en la sociedad y en mi entorno más cercano que constituyen el ninguneó al que me refiero por parte de personas que hoy ostentan la responsabilidad de velar por todos.
Curiosamente son comportamientos que también denuncio a nivel social y que creo está en el corazón de los problemas más acuciantes de la actualidad. Pero quién soy yo, tan solo un pobre hombre que comparte su manera de ver y sentir.
Amenaza de guerra en Europa que se suma la multitud de conflictos bélicos en el planeta. Pienso es que se trata de reacciones a comportamientos interesados que las provocan. Posiblemente, comportamientos mezquinos que se producen desde Estados Unidos y que alcanzan organizaciones internacionales que, si bien nacieron para garantizar la estabilidad y la paz en el mundo, parece que, con los años, sus intervenciones pudieran haberse tornado interesadas para mantener la supremacía de aquellos que la han ostentado durante gran parte del siglo XX en un momento en el que la salud pública y la sostenibilidad de la vida en el planeta se ven cuestionadas. Resultado: amenaza de guerra en Europa. La invasión de Ucrania por Rusia. mejor dicho, por Vladimir Putin y su entorno más neurótico.
Pienso que son comportamientos en la esfera política a distintos niveles, en este caso en lo que se refiere a la geopolítica global, que vienen sostenidos de manera inconsciente por la manera de actuar de unas y otras personas que actúan a la defensiva por miedo a la diversidad, por miedo a dejar de sentirse diferentes, mejores y más privilegiados, rechazando un comportamiento desde la fraternidad que pueda abrazar la igualdad de todas las personas en todo lo primordial y dejar las diferencias en las formas de vivir para el ámbito de la elección personal.
Me llama poderosamente la atención la enorme inversión que hay en armamento en todo el planeta. Una inversión que considero absurda, inconsciente e idiota. Una inversión absolutamente desproporcionada ausente de cualquier cordura. Pienso que la geopolítica de hoy en día está totalmente teñida de la profunda neurosis qué embarga a la sociedad.
Durante mi estancia en Bilbao en el verano y retomando la visión de la televisión y de los medios tradicionales para tratar de conocer la información que resulta más accesible y generalizada. Me doy cuenta de cómo en los entornos más privilegiados, en este caso en la Casa Real Española, existe una hiper abundancia de medios que me llama la atención. Por ejemplo, al ver la supuestamente humilde casa rústica de la que gozaba el emérito rey Juan Carlos I y su amiga Corina. Una sobreabundancia que cuando menos sostiene, sino es que promueve la neurosis social.
