Desafíos, oportunidades, quizás un punto de inflexión, un espacio para la esperanza en el que, con la ayuda de Dios, podamos construir un futuro mejor.
Termina el 2020, un año difícil, nuevo, lleno de desafíos. Quizás un punto de inflexión, quizás una nueva oportunidad. Quiero pensar que así será. Personalmente, me ha resultado un año lleno de descubrimientos, en el que mi situación personal me ha brindado una perspectiva diferente.
Las dificultades y el vértigo de los movimientos que vengo realizando los últimos años me han situado en una posición de vulnerabilidad que confío haber dejado atrás para este nuevo 2021.
Mudanzas y traslados desde mi sofá. Tratando de adecuar mi vida a la situación de pandemia, me doy cuenta de que, en muchos aspectos, mi vida no ha cambiado durante el estado de alarma. Con un 39% de discapacidad y movilidad reducida, me muevo poco.
Desde el espacio que me otorga el estado de mi salud, observo cómo, durante los últimos 15 años, he tenido un comportamiento pródigo, inconsciente y lastrado por definición. Me doy cuenta de cómo, en una etapa de mi vida en la que ya cumplo 50 años, camuflada bajo una apariencia de autosuficiencia y aparente generosidad, he venido tapando un sentimiento de profunda indefensión y miedo ante un futuro incierto y que pudiera estar marcado por la evolución de la enfermedad que padezco.
Descubro que, habiendo tenido una vida privilegiada desde el punto de vista material, han sido estos últimos tres años cuando que me he enfrentado a las estrecheces económicas más acusadas. Mirando hacia atrás, desde la perspectiva que otorga el paso del tiempo, me doy cuenta de que he tenido una actitud contrafóbica, alimentando un gasto desmedido o, cuando menos, fuera de control. Durante este tiempo, vengo haciendo esfuerzos por adecuar mi situación económica a mi vida y mis circunstancias, reduciendo gastos y generando ingresos. Reinventándome profesionalmente para encarar una madurez activa y responsable.
Quiero pensar, que en este 2020 dejo atrás un comportamiento teñido de culpabilidad para encarar una nueva vida de actividad y prosperidad en un nuevo 2021 lleno de esperanza y posibilidades.
De alguna manera, veo como la situación de pandemia y todo lo vivido en 2020, ha puesto encima de la mesa los aspectos más esenciales de la vida y la humanidad. No puedo dejar de ver en todo ello la oportunidad de hacer las cosas de otra manera, por y para todas las personas de bien en un ejercicio de fraternidad, de responsabilidad. Por sentido común y que no se diga que es el menos común de los sentidos.
Veo ciertas similitudes entre mis vivencias personales y las vivencias de la sociedad durante este año de pandemia. Creo que vienen buenos tiempos para una intervención ciudadana activa y digital y quiero profundizar en todo ello. Por otro lado, me defrauda comprobar como una clase política se resquebraja en discusiones banas en las que el Interés General brilla por su ausencia y solo se ponen de manifiesto como unos y otros compiten en sus carreras políticas. Sin duda, un terreno abonado para una intervención ciudadana responsable.
