/Javier Ortiz Amuriza

22. Servilismo y libertad

La valentía de vivir con ideas genuinas y personales. Ser fiel a las propias creencias y sentimientos. Confianza, perseverancia y paciencia. Quizás una manera de estar abiertos a la magia de la vida, para que actúe o no, por sí misma.

 

Tras haber escrito el Artículo 20. Ponerse al servicio, he leído el ensayo “Discurso de la Servidumbre voluntaria” de Etiende de la Boetie. Su lectura me ha hecho reflexionar acerca de lo escrito y quiero hacer alguna matización.

Aunque el RAE no recoge la palabra servilismo como sustantivo, sí lo hace como adjetivo y dice: servil. Del lat. servīlis. 1. adj. Perteneciente o relativo a los siervos y criados. 2. adj. Que de modo rastrero se somete totalmente a la autoridad de alguien.

No soy quién para sentar cátedra y nada más lejos de mi intención, pero sí me debo a mí mismo la oportunidad de expresarme con libertad. Creo que el servilismo, el comportarse de manera servil constituye un comportamiento huidizo que implica un miedo a la propia libertad, una suerte de traición a uno mismo que denota cierta angustia por hacerse cargo de las propias decisiones, de la propia libertad, de la propia responsabilidad. Y creo que es una opción que cada persona toma por sí misma, sea consciente o no y creo que siempre se está tiempo de elegir.

En mi artículo hablo, o así lo pretendo, de un espíritu de servicio al servicio de lo correcto, un intento de caminar hacia una existencia digna en la búsqueda de la virtud. Sin duda una tarea llena de dificultades en la que nuestra propia mente se rebela y habitualmente, no es nuestra amiga. Por el contrario, creo que la mente suele hacer lo posible para obstaculizar que avancemos en un empeño digno como el comentado. Creo que es importante aprender a desconfiar de nuestros pensamientos, de nosotros mismos, sin juzgarnos, sin culpabilidad, dándonos la oportunidad de corregirnos. Nunca es tarde si la dicha es buena, como dice el sabio refranero español.

Posteriormente, he leído otro ensayo, “El mito de Sísifo” de Albert Camus. En él se habla de la tentación a la que lleva, en ocasiones, la razón propiamente dicha. Si la aceptación racional de que Dios existe nos lleva a pensar que tras la muerte (según concepciones judeocristianas) volvemos a Dios, al Uno, el suicidio se puede llegar a presentar como una opción válida para escapar del sufrimiento en vida.

Creo que esto es una especie de rendición existencial, que implica un desprecio por la vida humana como oportunidad única para la realización de la Verdad, tal y como enseña la Filosofía Vedanta u otras corrientes del pensamiento y espiritualidad oriental. Corrientes en las que además se propone la potencialidad de que el conocimiento de la Verdad, se produzca en vida y no tras la muerte. Surge aquí el choque entre la razón y lo que he entendido que Albert Camus denomina como lo Absurdo. Lo que no se puede explicar con la razón.

Albert Camus, hace distintas referencias a pensadores anteriores a su tiempo como Kant, Nietzse, Dostoyevski, Kafka o Kierkegaard y pone en valor a los artistas como personas de extrema sensibilidad que a menudo se enfrentan a dilemas como al que hacemos referencia y que en distintas ocasiones han optado por el suicidio.

Sin embargo, pienso que la sensibilidad y el sentido común que abunda entre los artistas, muchas veces puede resultar instructivo y alentador, como ya he comentado en algún artículo anterior con ocasión de la pandemia del COVID 19. Creo que tiene que ver con el estado de apertura que acompaña a la inspiración.

Durante mi vida he experimentado este tipo de ideas, pensamientos, sensaciones y sentimientos. Al tiempo, he procurado aprender de psicología y filosofía y, sobre todo, he intentado hacer continua introspección para conocerme a mí mismo. No por una iniciativa valiente y espontánea, ni siquiera voluntaria, sino en la búsqueda de encajar los distintos embistes de la vida.

En mi recorrido he aprendido alguna cosa. Entre las que considero más valiosas, está el haber aprendido a desconfiar de mi propia mente, sobre todo en momentos de crisis. Desconfiar de mis pensamientos y procurar no prestarles demasiada atención y a perseverar en cultivar la valentía de escoger vivir y confiar. Esperar, dar tiempo y espacio a la toma de perspectiva que en ocasiones va acompañada de cierto grado de comprensión.

Con el tiempo, las cosas van ocupando su lugar o, al menos se ven de otro modo. En ocasiones ocurre de manera imprevisible, y se presentan como regalos de la vida que en otro tiempo hubieran resultado inconcebibles e inalcanzables.

La perspectiva y la posibilidad de albergar cierto grado de apertura dejan espacio a la magia de la vida, al secretismo de la evolución.

Lo he dicho. Tómese como lo que es, una interpretación personal, la opinión de un hombre que sólo pretende dar curso a la propia expresión en un intento de respetarme a mí mismo. Espero no importunar a nadie.

Ágora

UN ESPACIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

¿Quién es Javier Ortiz?

Últimos Artículos

Art. 121. Auténtica salud personal, determinación, amor propio y futuro.
Art. 120. Nuevo Orden Mundial: yo me lo guiso, yo me lo como. Neurosis normalizada para comenzar 2026.
Art. 119. Cordura y esperanza para 2026.
Art. 118. Se acaba el 2025, gracias a Dios.
Art. 117. Salud Mental.
Art. 116. Enajenación institucional retratada por iniciativas particulares ejemplarizantes.