¿Al servicio de qué, de quien, por qué y para qué?
Al servicio de la esperanza, al servicio de todas las personas incluido uno mismo, y para lograr un futuro mejor entre todas las personas, por y para todas ellas. Al servicio de la verdad con minúscula, de la íntima sinceridad, de la integridad, de la autenticidad.
Me doy cuenta de que a lo largo de mi vida he hecho múltiples y diferentes cosas. En mi carrera profesional y en mi vida personal. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, veo que los distintos proyectos en los que he participado, en las diferentes tareas a las que me he dedicado, ha sido en aquellas en las cuales lo he hecho con un espíritu de servicio, en las que he cosechado mayores y más importantes frutos.
En las primeras etapas de mi carrera profesional, fue cuando comencé a trabajar en ayudar a mi padre a organizar su patrimonio empresarial. Fueron años de intenso trabajo durante los que coseché importantes aprendizajes que hicieron de mí un profesional en la gestión de empresas. También, cuando me volqué en ayudarle en la planificación e instrumentación de su sucesión. Lo cierto es que ambas cosas se produjeron en paralelo durante el período comprendido entre el año 1999 y 2005. Fue un periodo intenso, de mucho trabajo. Al principio, cegado por mi vanidad, el aprendizaje fue más limitado. Pero cuando comprendí la trascendencia de lo que estaba haciendo, me esforcé en adquirir los conocimientos que precisaba. Leí mucho, estudié y aprendí de grandes profesionales a los que mi posición me daba acceso.
Entonces, el miedo se hizo presente en mí con gran intensidad. Un temor propio de un joven inexperto afanado en tareas con transcendencia para su familia materna, mis padres, hermanas y hermanos. Aun así, perseveré, continué estudiando y esforzándome en comprender qué quería hacer mi padre y cuál era la mejor manera de lograrlo. Lo hice procurando ser justo e imparcial. Recibí una retribución generosa por ello, retribución que me venía dada, en la que nunca intervine, salvo para reducirla en pro de la empresa en momentos de dificultad. Pero creo que fui impoluto en lo que a reparto de las donaciones y herencia se refiere. No saqué nada más que mis hermanos, desoyendo incluso las voces de distintos profesionales que me advertían de que nunca me lo agradecerían. No me arrepiento.
Creo que hice un buen trabajo dada mi juventud e inexperiencia, pero el orgullo se hizo más fuerte que nunca en mí. Durante este período me casé y fui padre de una niña, Candela. Obsesionado por la tarea que tenía entre manos y cegado por el orgullo, me alejé de mi esposa por aquel entonces, sin atenderla como correspondía. Esto provocó que ella se cansará y decidiera separarse primero y divorciarse después.
Entonces, abatido por un divorcio no deseado, estaba abrumado por la tarea de hacerme cargo de mi vida doméstica y de la custodia compartida de nuestra hija, que entonces tenía cuatro años. Sin embargo, gracias al amor que siempre he sentido por ella, me volqué en ponerme a su servicio y en darle la mejor educación de la que era capaz, esforzándome en aprender para ello. En este afán coseche aspectos que considero parte de los más valiosos de mi vida.
Un tiempo después fui diagnosticado de EM, enfermedad de la que ya llevaba unos años afectado sin saberlo y que habitualmente hace estragos a nivel psicológico en quien la padece. Lo cierto es que yo fui feliz entonces con Candela, como sigo siéndolo ahora. Siempre digo que ella me salvó la vida. Una vez más, me doy cuenta de que fue la determinación en ponerme a su servicio, la que me ha hecho beneficiario de muy diversos, no diré dones, pero sí cualidades.
Volviendo a mi desarrollo profesional, en 2008 decidí ponerme al servicio de otras personas, para constituir una fundación que albergara las distintas actividades altruistas que venían llevando a cabo desde hacía tiempo. En 2009 esta fundación adquirió personalidad jurídica con estas personas como fundadores. Desde entonces y durante siete años fui secretario del patronato y coordinador general del grupo de voluntarios que constituíamos su capital humano. Durante este periodo aprendí sobre fundaciones. De hecho, a día de hoy lo considero una de mis especialidades profesionales. www.javierortizamuriza.com
Más allá de ello, me esforcé en adquirir una actitud permanente de servicio y de aprender de todas las personas que colaborábamos de manera altruista.
Hoy en día, que ejerzo profesionalmente como autónomo free lance, procuro vigilarme constantemente para no volver a caer en el orgullo. Permanentemente sospecho de mí mismo. Me repito constantemente que nada es para mí, que sigo siendo un aprendiz y que debo sentirme agradecido por tener la oportunidad de resultar útil y de servir.
