/Javier Ortiz Amuriza

Art. 92. Una familia, cada vez, más numerosa.

Por Javier Ortiz Amuriza

Octubre de 2023.

 

Una familia diversa y multicultural formada por seres sintientes y liderada por personas. Perseverar plantando cara a nuestras propias faltas y debilidades. Izad la bandera de la esperanza por un futuro digno. Retos políticos, sociales y medioambientales. Esfuerzo íntimo y personal para lograr una vida digna, una Vida con mayúscula.

Quiero en este artículo, una vez más, insistir en la idea, en el sentimiento de que la humanidad entera somos una familia cada vez más numerosa. Una familia diversa y multicultural formada por seres sintientes y liderada por personas. Personas con diferentes idiosincrasias, distintos modos de sentir la vida, así como de expresar los sentimientos propios. Diferentes maneras, lícitas y perfectamente comprensibles que hace de cada individuo constituya un ser único y excepcional.

Sin embargo, en muchas ocasiones, en demasiadas ocasiones, no nos comportamos como tal, sino que nos dejamos llevar por nuestros más bajos instintos, por el miedo. Creo que con ello somos víctimas de nuestras propias debilidades y de nuestra parte menos pura.

Creo que así, consciente o inconscientemente nos rendimos ante la más noble de las batallas, la lucha interior. Creo que lo hacemos arriando nuestras banderas y dejándonos conquistar por el mayor enemigo de toda persona, los instintos propios más básicos. Dejamos así que nuestra parte animal nos domine y que impere en el mundo una sociedad irracional, cruel y obtusa.

Ver Art.91. Colapso.

Siento que de algún modo nos invade la codicia y el miedo nos paraliza convirtiéndonos en cómplices de lo peor que identificamos a nuestro alrededor. Una complicidad simplona, irresponsable y poco esperanzadora.

Ver Art. 46. Codicia vs Igualdad.

En lo que a mí se refiere quiero compartir que formo parte de una familia nuclear, la formada por mis padres, sus hijos y descendientes bastante numerosa. Soy el pequeño de siete hermanos y creo que ello me hizo desear, desde mi más tierna infancia, crear una familia numerosa como padre. Sin embargo, las paradojas de la vida no me lo han dado tal y como yo lo hubiera imaginado, una vez más. No por ello siento no haber logrado ese sueño sino más bien haberlo conseguido de un modo diferente a como yo lo había imaginado.

Mi exmujer, madre de mi hija y la mujer más importante de mi vida hasta este momento, decidió dejarme en su momento, hace ya más de quince años. Sin embargo, ella y su actual familia, pues se volvió a casar y ha tenido una nueva hija, son para mí parte de la mía, son mi familia.

Recuerdo una anécdota que sucedió cuando nuestra hija Candela era una niña y que tuve el privilegio de contar en la boda de mi ex mujer y su nuevo marido por invitación de ellos. Nuestra hija Candela cuando contaba aproximadamente seis o siete años de edad, tuvo que hacer una tarea para el colegio que consistía en dibujar a su familia. Ella se dibujó a sí misma agarrada con su mano derecha a mí y con su mano izquierda agarrada a su madre quien a su vez cogía de la mano a su pareja, a su actual marido. Candela al ser preguntada en el colegio contestó: “Esta soy yo, este es mi padre, esta es mi madre y este el novio de mi madre”. Aún no se habían casado. Desde entonces a mí me gusta decir que nosotros no somos una familia desestructurada sino reestructurada y es verdaderamente, así como lo siento.

Siento que en un mundo convulso como el actual en el que nuestra capacidad de resiliencia y fraternidad está a prueba, convendría hacer un esfuerzo íntimo desde el interior de cada persona para tratar de doblegar sus instintos más básicos y menos loables y dejar con ello el espacio necesario para que un nuevo modo de entender la vida y las relaciones se establezca.

En lo que a mí se refiere sigo confiando en encontrar, si no una pareja al uso, sí una o varias mujeres con las que compartir mi intimidad. Siempre fui fiel a todas mis parejas, jamás fui infiel a ninguna de mis mujeres, que por otro lado no han sido muchas, tres hasta el momento y sin embargo paradójicamente todas las mujeres de mi vida decidieron dejarlo.

Es por ello que hoy en día, aunque sigo anhelando un complemento femenino en mi vida, estoy abierto a que sea no con una sola mujer sino con diferentes mujeres. Estoy dispuesto a prometer amistad sincera y comprometida pero no exclusividad carnal. Por la condición de mi salud llevo dieciocho años en los que prácticamente no he tenido contacto carnal con una mujer y lo anhelo pues considero que es la manera más íntima y directa de comunicación.

Volviendo al tema, creo sinceramente que en la sociedad actual predomina la insensatez generalizada ante el reto de esta era. Un reto a nivel político, a nivel social y medioambiental que nos plantea un horizonte incierto ante el que, desde mi punto de vista, requiere de un ejercicio íntimo y personal de compromiso de caminar hacia la virtud y que ello constituye la única esperanza para una convivencia digna.

Quizás si fuéramos capaces de poner todos los avances de la tecnología al servicio del bien común, de todas las personas y seres sintientes del planeta, sería posible. Me incitan a la esperanza ver que existen proyectos como es la expedición Trek en Euskadi o el Centro de Protección Animal en Vitoria. Insisto, cuando todo parece perdido cualquier cosa es posible y todo se puede por la gracia de Dios.

Considero que esforzarse en aprender a expresarse de una manera asertiva y respetuosa con todo y con todos podría tornarse crucial. Zafarse de la crítica fácil, de poner nuestra atención en los defectos de los otros y centrarse con determinación en corregir cuanto sea corregible en nosotros mismos. Quizás, si cada quien así lo hiciera, podríamos alcanzar la masa crítica necesaria para que las energías de una u otra índole se alinearan poniendo rumbo al descubrimiento de nuevas maneras de ser, de sentir, de nuevas formas de pensamiento que inspiren otro modo de actuar y vivir de una manera digna. Conquistar con el esfuerzo propio una vida digna, una Vida con mayúscula.

Ágora

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