/Javier Ortiz Amuriza

Art. 113. Moción de Censura: no tienen agallas.

P or Javier Ortiz Amuriza

Julio de 2025

 

Incertidumbre global: vértigo. Neurosis social y personal normalizada. Crítica generalizada. Inconsciencia personal y pugna por ser más. Vivimos una prueba existencial. Auténtica sinceridad y humildad. Ensayo y error. Compromiso con la dignidad y el Interés General pese a quien le pese.

 

Voy a intentar compartir mi manera de ver las cosas actualmente. En un momento de incertidumbre global somos testigos de la irrupción de iniciativas pseudopolíticas por todas partes. Putin, Milei, Orbán, Trump y tantos otros fascistas menos conocidos en el continente africano y otros lugares.

Comportamientos que, a mi modo de ver, están sostenidos por comportamientos similares, a menor escala, en el ámbito personal por cada una de las personas que formamos la humanidad. Considero que todo ello no sería posible si no hubiera una base social que lo soportara. Creo que cada quien debemos mirar hacia nuestro propio interior para darnos cuenta de cómo de un modo u otro, encarnamos las actitudes y comportamientos que denunciamos en nuestro exterior. Egoísmo y devoción por la crítica creo que, desgraciadamente, están generalizadas en la sociedad occidental actual. Corruptelas extendidas en lo político, en lo económico y en lo social. Una especie de huida hacia adelante, un sálvese quien pueda sin prestar atención a lo que dejamos atrás.

Me doy cuenta de la tendencia existente en la sociedad occidental actual la componen comportamientos engañosos, como si fuera de idiotas evitar actuaciones que intenten ponernos por encima de los demás. Parece como si nadie tuviera suficiente con tener sus necesidades cubiertas. Parece que lo que realmente satisface nuestro ego más enfermo sea tener más que el de al lado. Ser mejor que los demás obviando una ley natural implacable: todas las personas somos iguales y responsables de encontrar las soluciones que permitan cultivar un modo de vida sostenible que albergue la posibilidad de construir un modo de vida digno para nuestros menores.

Creo que a todo ello se suma un ruido generalizado que todo lo emponzoña. Ponemos más atención en lo que no funciona, en denunciar a otros y alimentar lo peor de nuestra sociedad, también en el ámbito personal. Alimentamos el comportamiento de la trampa y el engaño tratando de aparentar algo diferente a lo que realmente somos y con todo ello, sin duda, sostenemos en mayor o menor medida y hacemos posible que la situación global esté como está a todos los niveles.

Sin embargo, considero que estamos viviendo un reto generacional, una prueba existencial. Creo sinceramente que estamos viviendo un tiempo que determinará el futuro del planeta y la humanidad. Inestabilidad política global y guerras por doquier que justifican y financian la industria armamentística, la industria más grande de nuestro mundo y una ceguera total ante los verdaderos retos de esta era. Creo que la paz, la convivencia, una diversidad valorada y empoderada, la emergencia climática, la lucha contra la desigualdad y la moderación de nuestras costumbres y formas de vida como especie constituyen, todo ello, las pruebas a las que nos enfrentamos actualmente como especie

Mientras tanto, en nuestro país, vivimos un panorama político vergonzoso sostenido por una derecha dividida y sacada de quicio. Con un gobierno de coalición progresista que tuvo que abrirse paso haciendo uso de las reglas parlamentarias con una moción de censura que dio lugar al diálogo y el entendimiento todo inclusivo en una situación parlamentaria fragmentada.

Un gobierno que viene siendo criticado con o sin argumentos al tiempo que ha tenido que enfrentar verdaderas situaciones de alarma y que viene haciéndolo, a mi modo de ver, con una dignidad que no abunda en la actualidad.

Desde la pandemia del covid-19, el inicio de la guerra de Ucrania que acerca, tras décadas de tranquilidad, el temor belicista a las puertas de Europa. Todo ello aderezado por una inflación disparada que provoca situaciones sociales de extrema vulnerabilidad. Crisis causadas por la erupción del volcán de La Palma, crisis en el ámbito social, como la de Cataluña que ponen en jaque los cimientos de una verdadera democracia. El reto de la inmigración. Conflictos en las vallas fronterizas, conflictos con el reparto de menores inmigrantes o la crisis de la Dana, en Valencia. Un gobierno de mayoría parlamentaria diverso y de gran riqueza transversal ponen a prueba una y otra vez al gobierno todo inclusivo liderado por Pedro Sánchez. Sin embargo, creo que viene dando una lección de cordura en el ámbito nacional y que dada la situación de la geopolítica actual, constituye un verdadero ejemplo a nivel internacional.

Con una generación de empleo que sitúa el paro en niveles anteriores a la crisis financiera de los subprime 2008 y con una economía que no sólo crea empleo, sino que constituye la más pujante de la Unión Europea, con un salario mínimo interprofesional que va dando ya sus primeros pasos hacia la dignidad laboral alejándose del mileurismo y el empleo precario. Y como no podía ser de otro modo, dando pasos firmes en las conquistas sociales, ahora en entredicho, logradas durante los últimos siglos con sangre, sudor y lágrimas. Conquistas logradas mediante un arduo esfuerzo por personas valientes y heroicas. Me duele ver como alguna de estas personas convertidos en dinosaurios del capitalismo traicionan los principios por los que un día lucharon.

Traición normalizada y excesivamente generalizada a los valores más humanos que hace que me cuestione si aún existe o no un futuro digno para todas las personas y el planeta. Un futuro digno de ser dejado en herencia a nuestros menores a quienes debemos un mundo mejor del que en su día nos encontramos. Nada más lejos de la realidad actual.

Sin embargo, tal y como ocurre con los escándalos de corrupción que hoy en día acechan al gobierno progresista actual, siempre hay manzanas podridas. Una realidad que ha acompañado a la historia de la humanidad y que considero que únicamente puede ser enfrentada por la valentía de reconocer los errores propios y atreverse, además de saber hacerlo, a rectificar. En cualquier árbol se puede perder un fruto. La honestidad y el buen hacer comportan una esfera de actuación tan íntima y personal que resulta imposible, a mi modo de ver las cosas, poder garantizar la dignidad de una organización compuesta por distintas personas.

A lo largo de mi carrera profesional he tenido la oportunidad de trabajar con organizaciones de personas tanto en el ámbito de la empresa privada como en el de las fundaciones privadas y esto es lo que he podido aprender.

www.javierortizamuriza.com

Creo que un comportamiento pulcro requiere, además de la transparencia que debe acompañarlo, también de un ejercicio personal de responsabilidad que sea pilar de una férrea disciplina que lo haga posible.

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