Por Javier Ortiz Amuriza
Junio de 2025
Me tengo en muy poca cosa. Aprendizaje personal, ensayo y error. Compromiso con la autocorrección. Avances sociales vs egoísmo descarnado y obtuso. Siempre podemos encontrar situaciones peores a la propia. El intento de intentar.
Como ya he mencionado en anteriores ocasiones, me tengo en muy poco. Confinado en un cuerpo asediado por la esclerosis múltiple vivo con dolor permanente desde hace aproximadamente veinte años y la frustración se ha convertido en mi más fiel compañera, a mi pesar.
Sin embargo, todo ello me ofrece un campo privilegiado para mi crecimiento personal. Procuro llevar al terreno más íntimo y propio cualquier opinión que albergue acerca de los demás. Intento ver cómo actúan en mi neurosis personal los distintos comportamientos que identifico en la neurosis social normalizada en el seno de la sociedad occidental actual.
Atento al devenir de los comportamientos sociales actuales y especialmente al de las clases políticas, que considero no son más que un reflejo de aquellos, intento discernir y crearme una opinión personal equilibrada y generosa sobre la base de que no soy mejor que nadie y de que, como yo, todas las personas necesitan ayuda en el intento de alcanzar una vida digna y equilibrada.
Creo sinceramente que alcanzar un comportamiento equilibrado, digno y generoso es más un íntimo compromiso que un logro específico. Creo que se trata más del camino que de la meta. Creo que no es tanto que haya algo por lograr sino más bien tanto por corregir en mí mismo.
Llevándolo al terreno de lo político y en alusión al concepto de corrupción cero, creo que el único campo en el que se puede trabajar es el propio. Evitar caer en comportamientos corruptos lo considero un reto íntimo y personal. Un reto que creo requiere de la más íntima disciplina para evitar justificar los comportamientos propios y normalizarlos con unas u otras justificaciones que no constituyen más que racionalizaciones neuróticas para evitar el dolor y el esfuerzo personal.
Considero que no existen las organizaciones corruptas, salvo las mafias, sino comportamientos personales que caen en la corrupción alejándose drásticamente de una vida digna. Creo que aprender a identificarlos al objeto de cambiarlos, es el único modo. Creo que para ellos es necesario, antes de nada, verlos y aceptarlos para con arduo esfuerzo, cambiarlos.
En lo que a la situación política de España se refiere y al objeto de crearme una opinión propia acerca del gobierno de coalición progresista actual, opino que se vienen realizando logros importantes.
Desde la perspectiva de la economía, es obvio que funciona en tanto que somos la economía europea más pujante. En lo relativo a conquistas sociales, creo que este gobierno de coalición viene cosechando logros importantes como es el progresivo aumento del salario mínimo interprofesional que avanza en la senda de dejar atrás el mileurismo, el avance en las políticas de igualdad y diversidad como pudieran ser la aceptación de la diversidad de género, aunque a mí personalmente me cueste comprender algunas situaciones y la equiparación de derechos y obligaciones en lo que, por ejemplo a maternidad se refiere, constituyen verdaderos avances sociales. Avances sociales que históricamente han venido de la mano de las políticas progresistas en el intento de desmarcarse de conservadurismos y nacionalismos obtusos.
El ruido y la crítica sistemática de los demás evitando focalizar toda la atención en el comportamiento propio, lo considero una huida hacia adelante que perpetua comportamientos indignos en una sociedad enferma.
Procurar ser intransigente, apartando las “manzanas podridas”, creo que debería de ser el primer paso para lograr la corrupción cero en una organización y quiero pensar que el gobierno de coalición progresista actual está determinado a actuar en este sentido.
Llevándolo al terreno personal, reconozco que me enfrento a las tendencias indignas tan normalizadas en mi día a día. Procuro corregirme, lo intento con sinceridad y procuro dejarme un espacio para cambiar en mí todo aquello que debe de ser cambiado, que es tanto.
En alusión al debate acerca de la prostitución, pienso que el «oficio más antiguo del mundo» resulta aceptable únicamente si se ejerce desde la libertad como una opción de vida y no desde la agonía para la supervivencia.
Personalmente reconozco que durante mi juventud en una época de profunda desorientación personal y dejándome arrastrar por las influencias de mi entorno personal más perniciosas, fui de putas. Algo de lo que vengo a arrepintiéndome desde entonces y que a día de hoy no es para mí una alternativa aceptable aún a pesar de la carencia afectiva y carnal que padezco desde hace años por la condición de mi salud.
Desearía encontrar una compañera de vida con la que compartir una comunicación sincera y plena, pero soy consciente de que quizás no vaya a ser así. Bueno, hay cosas peores.
