Ágora
Singularidad y belleza.
Por Javier Ortiz Amuriza
Enero de 2023.
Belleza por todas partes. Música y poesía. El estudio de Artes Marciales. La belleza de un trabajo en profunda concentración. Cultivar la atención para percibirla en todas sus dimensiones. Entrega, generosidad y focalización. Atención y aprendizaje.
Creo que hay belleza en todas partes; en los versos y mantras, en la poesía más inspirada y en las canciones. Últimamente estoy escuchando mucho una versión de diferentes temas de Joaquín Sabina, realizada por Somos Amigos. Un grupo con una mayoría de diferentes músicos cubanos qué fundó y patrocinó mi difunto hermano Imanol y con el que grabaron discos ofreciendo versiones de artistas tan destacados como Serrat, Joaquín Sabina y otros con la participación de músicos cubanos de primer nivel en calidad de residentes e invitados.
Como decía, escuchando el disco Cuba le canta a Sabina, me embelesa fijarme en las letras, en el sentir que representan y la profunda sensibilidad con la que las compuso.
Personalmente me gusta mucho la música, tiendo a fijarme o, mejor dicho, a quedarme con las melodías que me embelesan más que con las letras. Algo que pretendo corregir poniendo más atención.
Percibo belleza en las personas, en los niños y niñas, en nuestros menores en los que veo inocencia, espontaneidad y una suerte de energía que todo lo inunda.
Me doy cuenta de que la belleza en este mundo encuentra las más singulares maneras de mostrarse. Ya he hablado en otras ocasiones de la belleza, pero con el caminar, me voy dando cuenta de que son múltiples, variadas y muy diversas las formas en las que se presenta.
Percibo también belleza en el hacer entregado. Me gusta observar a un camarero o camarera diligente, concentrado, que se afana por hacer su trabajo de la manera más eficiente y armoniosa posible. Me resulta más sencillo percibirla en tareas qué implican un desempeño físico, qué implican utilizar las manos y el cuerpo, pero creo que está presente en todo lo que se hace con concentración, entrega y generosidad.
En un artículo anterior, trate de expresar mi forma personal, mi manera particular de ver la belleza (Ver Art. 74. Belleza.). Creo que la belleza está en todas partes, en los lugares más insospechados. Hay belleza en los rostros, en las miradas, en las reacciones de personas sencillas que permiten vislumbrar la belleza de sus almas en la armonía de sus comportamientos.
Recuerdo que, cuando comencé a estudiar kárate, a los 10 años de edad tras dos años de práctica de Judo puesto que en el gimnasio que yo pretendía, no admitían menores de 10. Estudié en un gimnasio de mi pueblo, Algorta, dónde detrás de la estación de tren, en uno de esos huecos singulares entre edificios había un gimnasio, mejor dicho, un Dojo, el Shin Ku Kan. El Sensei, Osamu Aoki (osamu aoki (clubyamagata.com) y Sensei Osamu Aoki Japan Karate Association Spain – Bing video), un nativo japonés de impecable técnica, quién instruía el estilo llamado Shotokan ( Shotokan – Wikipedia, la enciclopedia libre) y velaba por las enseñanzas que en el mismo se impartían.
Yo, en el grupo de infantiles, me formé con diferentes instructores. Una mujer, Kiche, la esposa de Félix Sáez, ambos españoles y dueños del gimnasio, eran también instructores de los más jóvenes y novatos. Tenían un hijo, Eduardo, de tan solo un par de años más que yo y que llevaba ya tiempo estudiando kárate con una disciplina, intensidad y entrega realmente dignas de admiración.
Edu, fue varias veces campeón de España en la disciplina de Katas. Recuerdo cómo yo me quedaba embobado viéndole entrenar katas superiores. Concretamente Empi, un kata superior de increíble belleza. Recuerdo como si fuera ayer la destreza de Edu en su ejecución. Una de las cosas más bellas que yo he presenciado.
Lo cierto es que Eduardo ha sido siempre un magnífico deportista. No solo como estudiante de kárate desde muy joven, sino también en otras disciplinas que práctico después. Con una salud delicada tuvo que padecer intervenciones médicas qué truncaron su evolución como karateka, pero no como deportista ni como persona. Tras recuperarse práctico Surf con gran destreza y fue uno de los pioneros del skateboard desde Vizcaya y por toda España y el extranjero. Es conocido con el pseudónimo de Rat. Yo siempre que me encuentro con él y puedo, le vacilo diciendo que eso no obedece estrictamente a la realidad puesto que el apodo se lo pusimos en el gimnasio de kárate cuando éramos muy jovencitos y le llamábamos ratón porque era pequeñito, flexible y muy rápido.
Entre los compañeros de estudio había hombres y mujeres. Aún conservo amigos de aquella época. Hicimos un grupito que nos juntábamos por las calles del pueblo y emulábamos las luchas que veíamos en las películas de artes marciales. Recuerdo a Susanita quién se desempeñaba con una muy buena técnica. Recuerdo a Txiki, a su hermano Iñaki que en paz descanse y también a los estudiantes más mayores que nosotros. Iñigo Arketa, quién desde hace muchos años tiene su propio Dojo Gimnasio Indarbide. Pienso que uno de los más destacados discípulos de Osamu en España. También mi propio hermano José Luis y otros. Ellos, los mayores, recibían instrucción de Osamu Aoki quién a pesar de ser un mero empleado del gimnasio era el Maestro que el Dojo lleva por bandera.
Recuerdo que, al terminar nuestro entrenamiento, el de los más pequeños, nos quedábamos por las esquinas del gimnasio en silencio para poder admirar las enseñanzas de Osamu para nuestros mayores. Era espectacular.
Entre los más pequeños seleccionaron un grupito que acudíamos también entrenar los fines de semana y que en ocasiones, recibíamos enseñanzas directamente del Osamu. Él siempre decía, con un acento y una entonación japonesa que le imprimía enorme venerabilidad: Karate es igual a constancia, si no constancia, no kárate. Se movía como un gato. Hacía gala de una flexibilidad que no parecía de este mundo, una velocidad inaudita y una capacidad de concentración de la energía sublime.
Con el tiempo aprendí que las artes marciales nacieron en Oriente cómo senderos de realización. De hecho, a las diferentes artes marciales, los acompaña el sufijo Do, que se traduce como sendero. Judo, taekwondo, karate Do, aikido y así.
Desde los 8 hasta los 10 años, hasta que pude comenzar mis estudios de kárate, estudié judo en la escuela. Más tarde, tras cinco años de instrucción en el mencionado Dojo, me enviaron a estudiar secundaria en un internado en Madrid tras mi fracaso en mi primer intento de sacar 1º de BUP. Allí, durante los años cuatro años que estuve, tuve la oportunidad de estudiar Aikido con instructor español. Me pareció un arte marcial de una sutilidad majestuosa. Qué belleza observar al instructor ejecutar las técnicas que nos enseñaba. El instructor de Aikido habitualmente me escogía a mí como sparring para mostrar la ejecución de las técnicas. Decía que yo era un gran encajador, que no ofrecía resistencia y permitía que las diferentes técnicas se ejecutarán con facilidad. Existe un nombre japonés para de denominar esta figura, pero en estos momentos no lo recuerdo.
Más tarde al terminar Bachillerato y COU en el internado, durante mis años en la universidad, tuve la oportunidad de retomar mis estudios de kárate, pero esta vez en el estilo Shito Ryu con el que obtuve el cinturón negro primer Dan por la Federación Española de kárate.
Quisiera que explicar algo que considero no ha sido entendido en muchos de los gimnasios en los que se imparten artes marciales. Hasta donde yo sé, en Oriente un aspirante a estudiar artes marciales comenzaba su instrucción cuando encontraba un maestro o maestra dispuesto a enseñarle. Se le instruía en las maneras de cultivar sus capacidades físicas y su resistencia, así como técnicas básicas del arte marcial en concreto. Cuando el discípulo, el estudiante, estaba ya preparado para recibir las enseñanzas del Maestro o Maestra, se le daba el cinturón negro y era entonces cuando comenzaba su verdadera formación. Sin embargo, en Occidente, en muchas ocasiones, obtener el cinturón negro representa una suerte de completación de tu formación en estas artes, cuando sin embargo es el comienzo. O al menos así lo creo.
En otro orden de cosas, ya he compartido anteriormente que desde hace años participo en los estudios de la Escuela PHI de yoga Vedanta y meditación con Swamiji https://varanasiashram.wordpress.com/ así como que pasó algo menos de la mitad del año en Extremadura, municipal de Acebo, el norte de Cáceres haciendo frontera con Portugal.
Para mí, sin duda, el hecho de que los clientes del hotel campus Phi www.hotelcampusphi.com tengamos la posibilidad de acudir a las diferentes actividades el Centro Vedantico ofrece , que se sitúa lindando con el hotel, es para mí un verdadero tesoro, https://cvuc.eu/: Satsangs, preguntas y respuestas con Swamiji y las Pujas que celebra los domingos y también en días señalados, son verdaderas joyas para cultivar la calma y el discernimiento. La última Puja, Kalpataru una Puja especial que se celebra en año nuevo, me sentí profundamente absorto y totalmente cautivado por la belleza de los movimientos de Swamiji en cada uno de los rituales. Una elegancia sublime. Belleza con mayúscula.
Hoy en día contamos en España con la campeona del mundo de Kata, Sandra Sánchez a quién sigo en las redes sociales. Una mujer fuerte y constante, campeona olímpica y un ejemplo para todas las personas.
Personalmente me considero un aprendiz en las diferentes diciplinas, con enormes limitaciones, que no aspira más que a conservar la actitud de aprendiz.
