/Javier Ortiz Amuriza

65. Activistas de la Esperanza-¡Ahora o nunca!.

Tendencias, fraternidad y el intento de reinventarse desde las reflexiones de un joven inquieto. Quizás intuición, quizás anhelo, en cualquier caso, un mundo de posibilidades.

 

A continuación, transcribo un artículo, un pequeño ensayo que escribí en mi época de estudiante y que desde hace tiempo está colgado junto a otros escritos de este tipo en mi página web www.javierortizamuriza.com/agora

RELEXIÓN ACERCA DE LATENDENCIA EN LA EVOLUCIÓN DE LOS SÍMBOLOS DE PODER EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

 Por Javier Ortiz Amuriza

Introducción

Este documento no es más que una breve y poco metódica reflexión acerca de cómo han evolucionado los símbolos-fuentes de poder en la historia conocida del hombre, desde mi limitada perspectiva personal. Se trata de un escrito redactado en La Habana (Cuba) en Abril de 2005 como intento de plasmar sobre el papel unos pensamientos que me abordaron en el pasado con motivo de una presentación que tenía que realizar en inglés (como ejercicio para el aprendizaje de dicha lengua) durante mi estancia en Miami (Florida-EE.UU) durante el primer semestre de 1996. Un breve ensayo que constituye una reflexión sin un soporte de investigación científico ni un conocimiento exhaustivo o detallado de la historia del hombre, sino una serie de pensamientos estructurados sobre el escaso conocimiento de la historia que poseía entonces y ahora.

Pido, a la luz de lo anterior, disculpas por aquellas imprecisiones que se pudieran manifestar y hago un llamamiento a centrarse en la parte sustancial o idea principal abstrayéndose del detalle de carácter histórico-científico.

Texto

Desde el comienzo de la historia conocida de la humanidad, el ser humano ha basado sus relaciones con los otros en base a un sistema de jerarquía o distinciones entre unos y otros individuos.

Dichas diferencias venían desde el principio determinadas en base al mayor o menor poder de cada uno de dichos individuos. A su vez, dicho concepto de poder venía siendo sustentado en asociación directa a ciertos símbolos externos, que lejos de constituir meros símbolos de algo interno, se erigían como auténticas fuentes de poder o diferenciación.

Tratamos, en el presente escrito, de establecer una progresión con una dirección o tendencia concreta en la evolución de los símbolos de poder, una dirección que viene constituida por su origen material y su destino inmaterial.

Es decir, tratamos de hacer notar que dichos símbolos de poder han evolucionado desde una concepción absolutamente materialista y tangible hacia otra más inmaterial y por tanto intangible. Todo ello con el fin de defender una hipótesis concreta de hacia dónde se dirige en el futuro.

En un principio el símbolo al que nos referimos estaba constituido por la tierra. La sociedad se dividía en propietarios de la tierra y trabajadores de la misma. Así durante los tiempos en los que regía una economía primaria basada en la agricultura y/o ganadería era poderoso aquel propietario de las tierras, es decir, el terrateniente que arrendaba el derecho a trabajarla, primero desde una concepción latifundista y más tarde desde una perspectiva de minifundios. Por tanto en esta época es la tierra la que se erige no cómo símbolo externo sino como fuente Símbolos de poder en la Historia 2 de poder, siendo la misma (la tierra) el bien material por excelencia de este, nuestro planeta. Nada podemos determinar que tenga una mayor cualidad material y por definición tangible más allá que nuestro planeta tierra. Posteriormente, las relaciones sociales cambian con el nacimiento del comercio a través del trueque. Nace así la clase burguesa que va robando el protagonismo a la clase de los terratenientes haciéndose indispensables para ellos por poseer cosas a las que aquellos no tenían acceso. Así, mediante el trueque son los frutos de la tierra los que se erigen en principal símbolo y/o fuente de poder siendo éstos, por definición, el siguiente bien material y tangible por excelencia. Más adelante las tan mencionadas relaciones sociales siguen su curso modificándose mediante el desarrollo del comercio.

Nacen las plazas como foro de intercambio y comercio. La complejidad del trueque por las limitaciones físicas que imponen los propios frutos objeto del mismo, empuja a la sociedad, en pro de la comodidad del individuo y de la agilización del tráfico comercial, a crear el primer consenso social de carácter mercantil, la moneda.

Un nuevo elemento que se incorpora en la vida social que conlleva por un lado un consenso en la adjudicación de valor a la misma y al tiempo una vinculación a su carácter físico y material, puesto que las primeras monedas eran de materiales preciosos (oro, plata, bronce) que teniendo un valor propio basado en la escasez de los mismos, no eran más que frutos de la tierra no susceptibles de ser ingeridos por el hombre y por lo tanto no susceptibles de tener un valor directo e intrínseco para éste, sino que su valor venía determinado por asociación. O bien dichos metales adquirían valor por su escasez y originalidad, o bien por su utilidad como herramientas una vez transformados, o bien lo adquirían en base al consenso social de adjudicación de un valor en parte simbólico y en parte sustantivo.

Es también, un bien menos material que el anterior (ya que la moneda o la herramienta nos es el fruto directo de la tierra y sí los es el mineral en bruto) y más material o tangible que el siguiente, respetando la tendencia o dirección que tratamos de poner de manifiesto. Con el transcurso del tiempo y por los mismos motivos que en el caso anterior, se desarrolla en el seno de una sociedad claramente mercantilista, el siguiente símbolo de poder: el papel moneda. Más fácil de transportar e intercambiar, adquiere su valor estrictamente en base a un consenso social que se lo adjudica, aunque sea utilizando como base y referencia para dicha adjudicación, las reservas de oro de cada estado emisor inicialmente y el PIB (Producto Interior Bruto) después.

Todo ello mantiene también la tendencia descrita puesto que es en sí un bien menos material que la moneda en cuanto su valor se establece en base a un acuerdo social, un pacto con una base o referencia material propiamente dicho.

Hoy en día, el papel moneda convive con el nuevo y actual símbolo de poder que viene constituido por las anotaciones en cuenta. Aunque mantiene su origen y fundamento en las reservas de oro de cada país emisor primero y el PIB después, sustituye parcialmente al papel moneda a través de algunas de sus manifestaciones como son el “dinero de plástico” (tarjetas de débito y crédito) y las cartillas bancarias. No existiría hoy papel moneda suficiente para expresar el valor de todas las anotaciones en cuenta existentes en un mismo momento aún a pesar de que siguen siendo una referencia a la moneda, a las reservas de oro de los distintos estados del planeta y su capacidad productiva o PIB (Producto Interior Bruto).

Se trata sin duda de algo aún más inmaterial que lo conocido anteriormente ya que no tienen entidad propia, sino que existen como expresiones en un soporte de carácter físico (libreta) o magnético (informático. Toda la reflexión anterior nos lleva a la siguiente pregunta: si la tendencia se mantiene, ¿cuál será el siguiente paso en dicha evolución?

Para contestar a este interrogante debemos hacerlo desde una perspectiva hipotética y en base a una reflexión previa, a saber: desde nuestro punto de vista, todo lo expuesto anteriormente parte de un momento “x” en el cual el hombre había dejado de centrar sus energías en el “ser” para trasladarlas al “tener”. Dado el movimiento pendular de todo en la historia de la humanidad, la evolución expuesta y su tendencia, no hacen sino otra cosa que desarrollarse en su camino de vuelta hacia el ser.

En base a esta idea, tan sólo cabe una respuesta a la pregunta con la que concluía nuestra anterior exposición desde nuestra humilde e insignificante visión: puesto que el tener va ligado por definición a lo material y tangible, y puesto que es complejo imaginar algo más intangible que un consenso social (papel moneda) manifestado como una anotación en un soporte inmaterial (magnético), el próximo símbolo-fuente de poder habrá de estar necesariamente vinculado con el ser, en lo que por definición carece de materialidad y por tanto se hace intangible.

Así, el próximo símbolo-fuente de poder podría estar constituido por las distintas cualidades del ser. Cualidades que acerquen al ser humano a su anhelo básico y más primario: el alcance de la felicidad en la tierra.

Por tanto, serán las personas más felices, las más poderosas. Ahora bien, la manifestación externa de la felicidad se concreta en la inteligencia, entendida como la cualidad de ser felices o en la capacidad de “tener” una vida feliz. Si tratamos de trasladar esto al tráfico mercantil, al comercio, que es el punto en el que habíamos dejado nuestra exposición inicial de la mano de las anotaciones en cuenta, podemos esgrimir y así lo hacemos, la siguiente hipótesis:

En las relaciones humanos y en el tráfico mercantil como manifestación de éstas, quien “tenga” (bienes materiales), cederá estos a favor de quienes “sean” (personas felices) a cambio de su guía, aliento y consuelo para alcanzar dicha felicidad. No sólo consideramos que esto será así, sino que afirmamos que ya lo está siendo. Así tenemos ejemplos de fenómenos actuales y modernos como el “Job Burned” de las personas que han alcanzado el éxito profesional, las “Donaciones Universales” de aquellos que han conseguido el éxito patrimonial y los crecientes “Cambios de Vida” que se están experimentando en las sociedades más avanzadas. Así concluimos esta breve reflexión acerca de los símbolos de poder en la historia de la humanidad que puede servirnos para captar las tendencias de los tiempos y poder así anticipar el mundo del mañana. Pienso que ya ha llegado el momento de intentar construir desde la fraternidad por y para todas las personas y el planeta. Creo que es momento de hacer gala de una verdadera transparencia, compromiso fiscal y fraternidad.

Ágora

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