Vivimos tiempos aciagos. Quizás el planeta nos esté diciendo algo. No pinta bien. Insensatez normalizada. Miedo y vértigo ante lo desconocido. El intento de intentar.
Vivimos tiempos aciagos. En 2021, segundo año de pandemia, quisiera pensar que dejamos atrás tiempos aciagos para abrir un espacio de esperanza y autocorrección para todo y para todas las personas.
Lo cierto es que lo digo más desde mi más íntimo anhelo que desde mi convicción. Momentos en qué los grandes avances en el ámbito socioeconómico y en lo que a disminución de las desigualdades se refiere como los que se produjeron a lo largo del siglo XX con dolor, sudor y lágrimas, se ven “traicionados” por el implacable aumento de la desigualdad en el siglo XXI.
Los distintos acontecimientos qué se producen en el ámbito de la naturaleza y el medio ambiente, ponen de manifiesto, desde mi punto de vista, que hay mucho por arreglar, que está casi todo por hacerse.
Con el silencio del volcán de La Palma pareciera que el planeta nos estuviera diciendo algo. Como si nos invitara a un espacio de silencio recogimiento y reflexión, como si nos abriera un espacio de introspección en un agónico intento de intentar que la vida se abra pasó en el planeta de una manera sostenible, equilibrada e inclusiva para todas las personas.
No pinta bien. Aunque mi movilidad es limitada, procuro mantenerme activo y me apoyo para ello en las ventajas que la tecnología actual me ofrece asistiendo a diferentes encuentros cursos y reuniones On Line.
En todas partes me doy cuenta de la presencia del hastío, del cansancio, del hartazgo, en definitiva. Insensatez por doquier. Egoísmo ciego. Irresponsabilidad y ausencia de atención, empañan un marco social vulnerable y sensible qué, en muchas ocasiones, parece no encontrar el modo más adecuado expresarse, participar e incluso intervenir.
Siempre he sido una persona inquieta a quién el modo en el que la sociedad organiza y el modo en el que se instrumenta la convivencia entre todas las personas en las diferentes sociedades del planeta, le ha suscitado una fuerte atracción durante toda la vida. Estudié derecho más interesado en conocer las «normas del juego» y comprender el modo en el que se instrumenta la convivencia que otra cosa.
Años de restricción de derechos que convive con un comportamiento ejemplar de la ciudadanía en la gran mayoría de los casos, que se dota sí mismo de la más importante legitimación y autoridad moral exigible. Creo que la gran mayoría de la sociedad se está comportando de manera ejemplar en tiempos en que las figuras públicas hacen todo lo contrario, poniéndose en evidencia de manera sistemática y alentando un malestar social en personas que en tiempos difíciles ya tienen bastante de lo que ocuparse.
Sin embargo, me doy cuenta de qué si continuamos esperando a que venga el papá Estado a resolver nuestros problemas, estamos aviados.
Desde hace años vengo escribiendo pequeños artículos cultivando la afición que siempre he tenido a escribir acerca de mis experiencias y me doy cuenta de que muchos de los artículos escritos durante los dos últimos años de pandemia, parecieran augurar un triste final.
No obstante, se mantiene en mí un profundo sentimiento de esperanza en la capacidad de adaptación de las personas, en su capacidad de hacerse cargo, de hacerse responsable de las soluciones que en uno y otro ámbito se necesitaren.
Reconozco que siento vértigo, que siento miedo al pensar que se imponga la insensatez. Soy consciente de que la insensatez no solo está muy extendida en la sociedad actual, sino que fundamentalmente domina el discurso público y protagoniza los diferentes paneles de información, crítica y participación ciudadana.
Pienso que somos cada uno de nosotros y de nosotras quiénes debemos hacernos cargo. Opino qué es coger está en un sendero de esperanza implica la asunción de un compromiso y una responsabilidad qué desde mi manera de ver las cosas debería de ser exigible a cualquier persona que ostentará un cargo de representación pública.
Pienso que un ejercicio de libertad individual y propio de cada persona que aliente y condicione a nuestras instituciones a comportarse de una manera correcta, en un intento de perseverar en caminar hacia lo correcto pudiera de venir un movimiento de restauración de la esperanza.
Cuenta en los distintos foros a los que asisto, principalmente en streaming, que los agentes sociales están desorientados, paralizados, pienso que un poco perdidos. Me parece percibir desorientación y cierta búsqueda, inconsciente en ocasiones, alocada e incluso atolondrada, en otras.
Todo ello me hace reflexionar acerca de que quizás una iniciativa sincera, transparente y comprometida pudieran marcar la diferencia que se precisa para abrir un espacio de esperanza.
