/Javier Ortiz Amuriza

18. Sí, creo en Dios

Creo que la fe es un don, un regalo de Dios. Pienso que hay un solo Dios y que son muchos los nombres que le damos. Opino que el mensaje esencial de toda religión es el amor, la generosidad y la entrega. Que únicamente el inegoísmo es la base de la justicia y del amor verdadero. Que de ello depende la esperanza por un futuro mejor.

 

Desde mi más tierna infancia, desde que tengo recuerdos, siempre he creído en Dios. Siempre he sido beneficiario del don de la fe. A mi parecer, un don divino, un regalo de Dios en el que yo nada he tenido que ver.

He recibido una educación católica. Fui bautizado en la parroquia de mi pueblo, la parroquia de Santa María de Getxo, donde hice la Catequesis y la Primera Comunión.

Más adelante realicé mis estudios de Secundaria en un internado católico regentado por Agustinos. Al finalizar COU, hice con ellos La Confirmación. Después me licencié en una Universidad Pública, realizando mis estudios en un Colegio Universitario Adscrito, regentado también por Agustinos y para finalizar, me casé por la iglesia.

A día de hoy, con cincuenta años cumplidos, prefiero considerarme más espiritual que religioso. No porque no crea en la religión, sino porque creo en todas ellas. Creo en figuras como Buda, Cristo, Krishna, Mahoma o Ramakrishna, entre otras. Seres que han sido y son referencias para toda la humanidad. Pienso que hay un solo Dios y que son muchos los nombres que las personas le damos en función de nuestras distintas circunstancias, culturas e idiosincrasias. Creo que hay un solo Dios y que está en todas partes.

Etimológicamente hablando, la teoría que más me gusta, afirma que este vocablo, religión, se forma a partir del prefijo intensivo latino re-, y el verbo ligāre, que vendría a significar ‘ligar’, ‘amarrar’ o ‘atar’. Así, la palabra religión vendría a referirse al fuerte vínculo o unión que se genera entre Dios o los dioses y las personas, gracias a las creencias.

Posteriormente, he tenido la oportunidad, el privilegio de profundizar en mi aprendizaje, realizando estudios, que a día de hoy continúo, en la Escuela Phi de Yoga Vedanta y Meditación, ver:

http://fundacionphi.org/actividades/proyecto/escuela-phi-de-yoga-vedanta-y-meditacion

Durante estos estudios, he compartido muchas de mis inquietudes vitales como es el tratar de comprender qué es lo que separa a unas y otras religiones, cuando el mensaje fundamental de todas ellas, hasta donde yo he podido comprender, es el amor, la generosidad y la entrega.

Personalmente continúo estudiando, mejor dicho, aprendiendo. Quisiera continuar haciéndolo durante toda mi vida y anhelo establecerme en una posición de aprendiz. Quisiera llegar a ser un aprendiz digno de las enseñanzas que la vida me ha otorgado. De las personas que me han enseñado, digno de mi Maestro.

https://varanasiashram.wordpress.com/

De hecho, a pesar de mi educación católica, voy comprendiendo gracias a mis continuos estudios en la Escuela Phi de Yoga Vedanta y Meditación. Recientemente, para mi gozo más íntimo, he aprendido que, si bien los sacramentos para el catolicismo son siete, a saber: el bautismo, la confesión, la eucaristía, la confirmación, el orden sacerdotal, el matrimonio y la extrema unción, los fundamentales son el bautismo y la extrema unción. Esta, también conocido como unción de los enfermos, es explicada por algunos autores, como el alivio espiritual para enfermos en peligro de muerte. Borra pecados, los reconforta en su enfermedad y los prepara para el encuentro con Dios.

Y decía, para mi gozo más íntimo, pues mi hija, hoy ya prácticamente toda una mujer, con quien siempre he mantenido una estrecha relación, recibió el bautismo y siempre me he afanado en trasladarle a lo largo de su educación, los valores y herramientas para alcanzar una vida digna.

De hecho, esto es lo que, inicialmente, me motivó a empezar a escribir artículos como este, puesto que a causa de la enfermedad que padezco, nos hemos visto obligados a vivir en ciudades distintas desde hace ya unos años. Mi confianza en ella es fuerte y confío en que sabrá gobernarse adecuadamente. Ruego a Dios constantemente que le guíe y le permita hacerlo con facilidad.

Por otro lado, como amante de las palabras, durante el aprendizaje que se viene produciendo en mi vida, existe una inquietud que en los estudios que vengo mencionando, se ha planteado una y otra vez, a saber: en el Diccionario de la Real Academia Española de la lengua RAE aparecen las siguientes palabras con sus respectivas acepciones:

  • Egoísmo:

Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

  • Altruismo:

Diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio.

Sin embargo, no contempla la palabra inegoísmo, algo de lo que el mundo actual está muy necesitado a mi entender. Tengo entendido que según los expertos en lingüística esto es así por la supuesta necesidad de “defender” la existencia individual de las personas. Una suerte de majadería.

Hasta dónde creo haber comprendido, el inegoísmo conlleva un aspecto de don de sí, de don de uno mismo, de entrega en pro de lo que resulte mejor y más justo.

Curiosamente, a pesar de mi educación católica, no ha sido hasta los últimos años en los que me he decidido a leer la vida de Santas y Santos cristianos. Creo que ha sido porque no estaba preparado. Hoy, creo haber comprendido algunas referencias que son habituales en el cristianismo.

Por un lado, con estas lecturas siento que el concepto de demonio, de Diablo, el mal en el mundo, entiendo que se refiere al propio ego y no a nada externo a cada uno de nosotros y nosotras. Siento que se refieren al egoísmo común en el ser humano que sistemáticamente tendemos a escoger lo que más nos interesa, frente a lo que sabemos más justo para todas las personas y seres sufrientes del planeta.

Por otro lado, me llama la atención, darme cuenta de que la santidad, la realización de la verdad y el conocimiento de Dios, sólo se den tras la muerte y no en vida, como sí contemplan otras creencias.

Y en último lugar, me doy cuenta de que, en el cristianismo, Dios, la divinidad, se concibe como algo externo a nosotros y no como un potencial vivo en todas las personas. Percibo en todo ello un sentimiento de culpabilidad que no identifico en otras creencias y religiones.

Por todo, considero que el inegoísmo es tan importante en la civilización actual, en la que se impone el culto al ego hasta en las campañas publicitarias. Una civilización movilizada por la búsqueda del confort personal a costa de lo que sea necesario, sin mirar las consecuencias de nuestras elecciones.

En momentos de crisis como los actuales, creo sinceramente que todo ello, constituyen aspectos fundamentales, cruciales y determinantes. Quiero pensar que aún estamos a tiempo y por ello me pronuncio de este modo.

Ágora

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